bombo imantado

tornero de la energía

1 nota &

Bebés mate, un hilo de agua plateada

congela el corazón de una parva de yerba.

 
El cuenco devuelve en vapor tu indolencia. Del termo
que sostenías tibio como un cachorro pende el hielo
que espera y une la ruta que te deja en la nada.
Una fuente abrazada x verdin se amura en tus sentidos
se fija ese esplendor con volutas de humo pesado,
recurrente que en pocos minutos esbozan en cielos
distintos figuras de árboles, bocetos de camiones
de carga que como un residuo conservan
el ritmo vivo de lo que explota y crece.

Tu cuerpo te devuelve naturaleza, tiempo
te devuelve palo trabando la trama que contiene
esa calabaza. Sube humo, baja el hielo
desde donde terminan los días, los tallos asoman y
los niños capturan el interés por avanzar. Bebés
mate amargo; la ventana muestra el paisaje orbitar.
Sostienes esa linterna que como un teléfono en medio
de la oscuridad hace ver por un segundo
lo que creíamos tapado por la noche.
 
Una chica pasa y el cable ensortijado de sus auriculares
es otro rulo en la red. Sube a tu garganta una
descarga eléctrica, sube al centro de tu frente
la culpa que tiempo y determinación te insuflaron.
También descuido. Se celebra en el reverso de tu frente
el rito con el que recibis los hechos de la realidad.
Bebés mate diluido mientras zumba
/un auto flamante.
Se detiene un perro que cruza de un punto al otro
tu barrio sin preguntas en la mirada. tus zapatillas
te quedan grandes, andás como un malabarista
callejero; la guarda blanca que circunda tu pie
empieza a exponer mugre en una tipografía que no
sabés leer. Bebés hasta que del termo caliente
no salga nada, hasta que la yerba caiga de la boca

del cuenco y aplaste la bolsa negra del tacho.

Archivado en poemas poetry

3 notas &

Una luz nos enseñó el camino más corto a un bar cheto

Por una cortada, bajo los árboles de copas mutiladas
las obligaciones del día se apagan
como una vela de decoración; la última que quedaba
era la estación más esperada del día,
como dice ese poeta del que no nos hacemos cargo:
"como el niño espera el día de su cumpleaños".
 
Por una cortada bajo los árboles de copas mutiladas
una luz nos enseñó el camino más corto a un bar cheto.
 
Las manchas de uso escribían en el blanco
de los sillones sobre las cosas que se diluyen
ese mensaje público que creímos dedicado solo para nosotros.
Comimos con la mano a eso, unas verduras
hechas en una sartén antigua, y los dedos se nos encendieron
como víboras eléctricas. Parecíamos trabajar con la luz
del fondo del mar, mover la cabeza con el arrullo de la hora.
 
Por una cortada bajo los árboles de copas mutiladas
un policía de la milicia metropolitana nos enseñó
el camino más corto a un bar cheto.
 
Y mientras una coca cola se vaciaba atizamos
el ritmo de una charla con  presencias:
un ficus de maceta, una mosca urbana alejándose de la falsa
gravedad. Marcábamos con un chasquido de párpados
el ritmo de todo, picando burbujas en la lengua, dura,
como los cobayos sostienen el alimento que roen.
 
Por una cortada bajo los árboles de copas mutiladas
una intuición nos enseñó el camino más corto a un bar cheto.
 
Antes de que los besos pongan pausa al motor de los hábitos
ladrillo tras ladrillo trabajamos esto: otro bloque
sobre aquel baldío exuberante. Se embolsa
una mediasombra prolija que filtra la luz cenicienta
del cielo imitando la respiración de
un cuerpo asombrado, manso.  
 
Por una cortada bajo los árboles de copas mutiladas
el error nos enseñó el camino más corto a un bar cheto.
 
Los bombazos del pecho, los cubiertos percutiendo
contra el piso o las rodillas, las servilletas abolladas
y el importe de la cuenta eran nada a comparación
de todos los golpes al bongó que la bachata
sumaba al ritmo mínimo necesario
para mantener encendido un cuerpo.


Anoche, copas mutiladas, luz, bar cheto.

Archivado en poemas poetry

1 nota &

A la recurrente bruma que nubla la mirada de los oficinistas

Las corta un rayo como este :

Las ventanas

En estos oscuros cuartos donde paso
días pesados, voy de un lado al otro
para hallar las ventanas. –Cuando se abra
una ventana será un consuelo–.
Pero las ventanas no aparecen, o yo no puedo
hallarlas. Y quizás sea mejor que no las encuentre.
Quizás la luz sea un nuevo tormento.
Quién sabe qué cosas nuevas mostrará.
Konstantino Kavafis
[Versión de Horacio Castillo,en su antología Poesía griega moderna,Editorial Vinciguerra, Buenos Aires, 1997]

0 notas &

Feliz vuelta rojo

Mientras todos hablan del día 0 del mundial yo no puedo sacarme de la cabeza el desempate que ayer Independiente ganó con justicia 2 a 0 a Huracán en la plata. Vale como un campeonato del mundo. Arranco entonces mi canto porque
cayó la máscara de Tula,
Ojeda dejó por un momento de ser un jugador experimental y asumió una responsabilidad aburrida pero insoslyable si la meta era el cero en el arco propio.
El Ruso Gonzalez a partir de este último tramo del campeonato es una leyenda. A los hinchas rojos que padecen de esa enfermedad, en principio mental, que es el autoboicot verán volar al Ruso en sus cabezas atenazando pensamientos en contra. Será el patrono protector de los que nacieron con el programa de autoataque.
Pisano el doble involuntario de Franz Kafka fue una explosión nuclear en los últimos tres cuartos de cancha;  aprendiste tus dribleos del camino espiralado que recorre una mariposa para comunicar el avance de la primavera.
Gracias Pocho por tus segudos tiempos y tu final de campeonato.
Rolfi Montenegro, una chinche sostiene tu retrato en mi monki. Abajo escribí con una imprenta de mierda: “el  moro que aguantó más fuego y más hachazos que la biblio de alejandría ofrece su legado para que “tomemos y leamos”“.
Mancuello abriendo los caminos por donde avanzará el futuro.
Pizini hijo del equipo bahiense con la hinchada que eligió estar presente a través del silencio y del vacío: hoy en la plata como un día Bob Dylan, como un día Dante  te convertiste al final en cristiano.
Gracias Morel, gracias
Granadero Penco, Gracias
Parra Facundo, tradición como la marca del negro vino que hace transpirar el vaso que suelto para agradecer.
Belloq, barbaro todo.
Zapata hermano, el lugar habitual donde van y vienen las quimeras de las multitudes con camisetas rojas tendrá tu nombre por los siglos de los siglos.

***
Huracán, el mejor equipo del semestre, como machacaba el denso de Walter Nelson llamará a que el resto del país organizado contra esta alegría justa, nacida de lo más profunda del pueblo vuelva a tomar sus lugares de trabajo; la superioridad en juego y resultado han sido claras

No hubo rencores previos al desempate y no los habrá. Este ciego cronista será el primero en aplaudir la vuelta(próxima) del globo a primera. Nos une el abismo de la B como un sangriento combate une a  dos púgiles. Para los que dicen que el próximo campeonato de la AFA es injusto este desempate puede tomarse como la mejor respuesta. El mejor equipo del semestre contra un equipo, de enorme tradición pero de campaña irregular. Gana el que gana. Reclamos como oh la justicia se desvaneceran con el partido inaugural de l a copa del mundo.

Feliz vuelta.

2 notas &

La entrada de mi madre en Cañuelas

Mi madre llega a Cañuelas en un auto que mi primo maneja
hasta esta inminencia. Los carteles que los enfrentan dicen Cañuelas,
en la cabina del auto bajan la cabeza para mensajear a parientes
con “estamos entrando a Cañuelas”.

Los peatones avanzan, los negocios esperan clientes
con cortinas de cintas multicolores;  mantienen afuera moscas
y bichos voladores. En Cañuelas dejarán pátinas de caucho
las gomas de ese Renault.

Saldrán del camino para una parada fantástica. Las discusiones
hinchan los vidrios de los bares de las estaciones
de servicio. Al nombrarla dejarán de contar kilómetros

los relojes, quitaran por un cacho de la cabeza los abrazos
de bienvenida y en ese momento dibujarán un ataque final
en el tablero de TEG; la guerra empieza a escribir el futuro
con la sangre viajera que circuló incansable en este paso
y seguirá girando como un espiral con su eje
                                                                                     en Cañuelas.

Archivado en poemas poetry

2 notas &

La máquina del hombre muerto recién

Hace mil que estoy flotando en el presente en marcha.
Hambreadas travestis me saludan. Pocos más.
No se dan cuenta que a mi paso reverencian
la máquina del hombre muerto recién.

En mis paseos no me acompaña ni mi sombra y no me veo
en el reflejo de brillantes vidrieras. Sí, qué mal.
Las mercancías son frutos ciegos y no distinguen
entre un errante solitario y la máquina del hombre muerto recién.

Cruzo alguien llorando quién sabe por qué;
en cambio investigando encuentro una sonrisa
oscura otra vez. Es difícil encontrar luz vivaz
en los controles de la máquina del hombre muerto recién.

Hace una semana estaba muerto recién y
un rato también muerto recién y en un brindis reciente también.
Qué voy a investigar si lo único en mi memoria es la noticia vieja
del hombre que se da por muerto recién.

Si paro un colectivo vacío rumbo con destino final RECIÉN.
Y si pedaleo en mi bicicleta llego de donde arranqué.
Ya no da. Ser como una mosca encerrada midiendo zumbidos
como hacen los poetas muertos recién.

Arriba las nubes estacionadas sobre mi nuca abajo
mis zapatos pegados al piso y la habitual brisa
cerrando mis ojos. Un bajón que las acacias y medias quietas
sean el panorama que contempla al hombre muerto recién.

Cómo será el abrigo de las gruesas y heladas mantas
de la tierra cuando baje. Es así. Después de tanto encierro
y estéril vagabundeo no solo encontrarán descanso quienes sí
y también los que no incluso el hombre muerto recién.

(reescritura de Hombre muerto caminando de Thomas Hardy)

Archivado en poemas poetry