bombo imantado

tornero de la energía

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A la recurrente bruma que nubla la mirada de los oficinistas

Las corta un rayo como este :

Las ventanas

En estos oscuros cuartos donde paso
días pesados, voy de un lado al otro
para hallar las ventanas. –Cuando se abra
una ventana será un consuelo–.
Pero las ventanas no aparecen, o yo no puedo
hallarlas. Y quizás sea mejor que no las encuentre.
Quizás la luz sea un nuevo tormento.
Quién sabe qué cosas nuevas mostrará.
Konstantino Kavafis
[Versión de Horacio Castillo,en su antología Poesía griega moderna,Editorial Vinciguerra, Buenos Aires, 1997]

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Feliz vuelta rojo

Mientras todos hablan del día 0 del mundial yo no puedo sacarme de la cabeza el desempate que ayer Independiente ganó con justicia 2 a 0 a Huracán en la plata. Vale como un campeonato del mundo. Arranco entonces mi canto porque
cayó la máscara de Tula,
Ojeda dejó por un momento de ser un jugador experimental y asumió una responsabilidad aburrida pero insoslyable si la meta era el cero en el arco propio.
El Ruso Gonzalez a partir de este último tramo del campeonato es una leyenda. A los hinchas rojos que padecen de esa enfermedad, en principio mental, que es el autoboicot verán volar al Ruso en sus cabezas atenazando pensamientos en contra. Será el patrono protector de los que nacieron con el programa de autoataque.
Pisano el doble involuntario de Franz Kafka fue una explosión nuclear en los últimos tres cuartos de cancha;  aprendiste tus dribleos del camino espiralado que recorre una mariposa para comunicar el avance de la primavera.
Gracias Pocho por tus segudos tiempos y tu final de campeonato.
Rolfi Montenegro, una chinche sostiene tu retrato en mi monki. Abajo escribí con una imprenta de mierda: “el  moro que aguantó más fuego y más hachazos que la biblio de alejandría ofrece su legado para que “tomemos y leamos”“.
Mancuello abriendo los caminos por donde avanzará el futuro.
Pizini hijo del equipo bahiense con la hinchada que eligió estar presente a través del silencio y del vacío: hoy en la plata como un día Bob Dylan, como un día Dante  te convertiste al final en cristiano.
Gracias Morel, gracias
Granadero Penco, Gracias
Parra Facundo, tradición como la marca del negro vino que hace transpirar el vaso que suelto para agradecer.
Belloq, barbaro todo.
Zapata hermano, el lugar habitual donde van y vienen las quimeras de las multitudes con camisetas rojas tendrá tu nombre por los siglos de los siglos.

***
Huracán, el mejor equipo del semestre, como machacaba el denso de Walter Nelson llamará a que el resto del país organizado contra esta alegría justa, nacida de lo más profunda del pueblo vuelva a tomar sus lugares de trabajo; la superioridad en juego y resultado han sido claras

No hubo rencores previos al desempate y no los habrá. Este ciego cronista será el primero en aplaudir la vuelta(próxima) del globo a primera. Nos une el abismo de la B como un sangriento combate une a  dos púgiles. Para los que dicen que el próximo campeonato de la AFA es injusto este desempate puede tomarse como la mejor respuesta. El mejor equipo del semestre contra un equipo, de enorme tradición pero de campaña irregular. Gana el que gana. Reclamos como oh la justicia se desvaneceran con el partido inaugural de l a copa del mundo.

Feliz vuelta.

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La entrada de mi madre en Cañuelas

Mi madre llega a Cañuelas en un auto que mi primo maneja
hasta esta inminencia. Los carteles que los enfrentan dicen Cañuelas,
en la cabina del auto bajan la cabeza para mensajear a parientes
con “estamos entrando a Cañuelas”.

Los peatones avanzan, los negocios esperan clientes
con cortinas de cintas multicolores;  mantienen afuera moscas
y bichos voladores. En Cañuelas dejarán pátinas de caucho
las gomas de ese Renault.

Saldrán del camino para una parada fantástica. Las discusiones
hinchan los vidrios de los bares de las estaciones
de servicio. Al nombrarla dejarán de contar kilómetros

los relojes, quitaran por un cacho de la cabeza los abrazos
de bienvenida y en ese momento dibujarán un ataque final
en el tablero de TEG; la guerra empieza a escribir el futuro
con la sangre viajera que circuló incansable en este paso
y seguirá girando como un espiral con su eje
                                                                                     en Cañuelas.

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La máquina del hombre muerto recién

Hace mil que estoy flotando en el presente en marcha.
Hambreadas travestis me saludan. Pocos más.
No se dan cuenta que a mi paso reverencian
la máquina del hombre muerto recién.

En mis paseos no me acompaña ni mi sombra y no me veo
en el reflejo de brillantes vidrieras. Sí, qué mal.
Las mercancías son frutos ciegos y no distinguen
entre un errante solitario y la máquina del hombre muerto recién.

Cruzo alguien llorando quién sabe por qué;
en cambio investigando encuentro una sonrisa
oscura otra vez. Es difícil encontrar luz vivaz
en los controles de la máquina del hombre muerto recién.

Hace una semana estaba muerto recién y
un rato también muerto recién y en un brindis reciente también.
Qué voy a investigar si lo único en mi memoria es la noticia vieja
del hombre que se da por muerto recién.

Si paro un colectivo vacío rumbo con destino final RECIÉN.
Y si pedaleo en mi bicicleta llego de donde arranqué.
Ya no da. Ser como una mosca encerrada midiendo zumbidos
como hacen los poetas muertos recién.

Arriba las nubes estacionadas sobre mi nuca abajo
mis zapatos pegados al piso y la habitual brisa
cerrando mis ojos. Un bajón que las acacias y medias quietas
sean el panorama que contempla al hombre muerto recién.

Cómo será el abrigo de las gruesas y heladas mantas
de la tierra cuando baje. Es así. Después de tanto encierro
y estéril vagabundeo no solo encontrarán descanso quienes sí
y también los que no incluso el hombre muerto recién.

(reescritura de Hombre muerto caminando de Thomas Hardy)

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A la sombra de los eucaliptus en short

Mi abuelo Enrique era de la villa. Iba y venía de Las Oscuras manejando un camión rojo. Si llovía cruzaba el barro como el tallo de una planta o una lombriz.  “Mañana a las 9 en Arias y Venezuela salimos” escribían en papeles que repartían por la cuadra si un finde estaba lindo. Jugó en varios clubes pero se retiró en Libertad. Todos los que en una esquina del empedrado se van a pasar el día tienen un brazalete invisible. Son de la villa y no se van.

Aunque no quiere saber nada de la villa mi mamá es de la villa igual. A los 6 con la bicicleta de juguete hizo una expedición solitaria por el empedrado y no paró hasta el Parque de Mayo. La recuperó la familia en medio de la noche. A los 15 desfiló de odalisca arriba de un camión regador, de las flores de la manguera cerrada caían algunas gotas plateadas grandes como los focos del corso. Pero se casó, me tuvo a mí y dejó el barrio.  Es de la villa porque vuelve.

Mi papá que nació en White es de la villa porque de chico se mudó a Brickman y la nada. Un perro al que le decía Bull lo acompañaba siempre. En un dibujo en un libro que a veces leía había un hombre y un perro caminando; se leía “Julio” sobre la cabeza del hombre y “Bull” sobre el cuerpo del perro. Lo acompañaba a trabajar a la playa de camiones y volvían juntos.  El humo de un sahumerio perfumaba el depar de mañana.  Un día pegó un cartel que decía “Auto al servicio de las víctimas del elevador V” en el vidrio trasero del auto. Para viajar sin pagar alojamiento se compró un Motorhome pero lo usa adentro de la villa.

Mi tio Daniel era de la Villa. Pesaba más de 130 y le faltaba la pierna derecha.  Sin licencia aceleraba por México, aceleraba por Arias, aceleraba con la muleta que no le temblaba. Gastaba una zapatilla sola y el resto se acumulaban flamantes en una bolsa de basura negra. Frente a una caja de cassettes de mi papá lo vi hacer una mueca de desaprobación. Practicaba los fines de semana largos antes de que existieran.  Un día se llevó puesto un auto y se dio a la fuga. No lo buscan en Villa Rosas, no lo quieren encontrar.

Mi tía Nora nació en Villa Rosas el día de los santos inocentes. Le gustaban de chica  los paseos en bicicleta y de grande las canciones de Juán Ramón. Se casó y se mudó al Rucci. Me contaban que iba a nadar, que iba al chino y sé que sus cumpleaños eran un éxito. Kerosene, garrafas y comida para gallinas tenía el forraje que atendía a la mañana. Y la oficina una PC muy lenta con la que tipeaba a la tarde 4 horas reloj. En la fiesta de ex alumnos de la escuela 23 le dieron un diploma y una medalla. Las noches siguientes, imagino,  miraba predio vacío, sin carpa, sin mesas, sin medallas. Es del Rucci, de la villa y no se va.

Mi prima Fabiana es de Villa Rosas. Estudiaba guitarra, llevaba la bandera y nunca un quilombo. Trabajó en un video club por las últimas cuadras de la calle Nueva Provincia.  Cerraba a las 9 y ni bien bajaba la persiana los borrachos sentían la lengua seca, los beatos apoyaban los codos en la cama y mi abuela encendía una hornalla. La tierra en derredor del empedrado era su paso previo. Como el hermano es de la villa y no se habla más.

O sea mi primo Oscar. Ex futbolista, ex basquetbolista; actual cuentapropista. Una vez lo calcé bajo los focos multicolores del corso porque no me invitó a la pileta. Perdón, estuve mal. Compartíamos una bicicleta, Gonzalez le soldó un caño, nosotros la bautizamos, manos extrañas la chorearon. Él, González y las manos son de la villa y no se van.

Mi Hermano Leo nació en Villa Rosas. Jugador de las infantiles de Libertad, respetado por sus compañeros, odiado, aquellos años, por los quiosqueros. Cuando se mudó empezó a jugar para Pacífico. Torneó en la escuela un dado en bronce que no abolía el azar pero partía cerámicos. Determinado día jugó un clásico contra Libertad y en el minuto 90 se retiró para siempre de cualquier rivalidad. Es de la villa y no se va.

(Publicado en la revista Rompe Viento, que publica el Instituto Cultural de Bahía Blanca en la sección “De qué barrio sos”.)

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Esperanza de postergación

 

Entre las sombras de mi monki me visto más
pensando en la obligación que en una lengua,
un arte.

Qué impresión cambiar de un espacio cerrado
al espacio del barrio donde vivo, en el que
paso mis horas de trabajo  en las que escucho
el cimbronazo de los juicios repetidos contra mí.

Autos sobre una calle empedrada que la velocidad
disuelve.
Ramas peladas discontinuando la plena
luz del sol. Metal entre mí lengua y metal
de la sangre y el sabor de saber que señalo
como nuevas prendas que ya no lo son. Como
el pasaje tranquilo no es tranquilo y como mis jeans
nuevos que ya tienen más de un año. Esos autos
que pasan tienen un recorrido no quedarán avanzando
frente a mi casa cerrada. Corro a la esquina. Cruzan autos
y camionetas como en una atropellada.
Y los gestos de los conductores no son los gestos
de los que, con la cabeza, manejan esos vehículos.
Toneladas de fierro.
Más revistas aplastan los cimientos del kioskito de chapa.
Años atrás el encargado de esa institución del texto
y la época hubiese sido de alguna vanguardia.
Hoy es de los nuestros, de los vacíos. Los que
caminando por pasillos a la noche no atendemos
las guiños del sueño. Pensando tan fuerte como sea posible.
Porque ese ruido nos mantiene serenos.
Hoy el colectivo viaja vacío las cuadras
que me separan, pocas, de mi hogar a mi trabajo.
Veo fotos gigantes de famosos de distintos
circuitos pegadas en las paredes. Algunos grandes,
extensos. Hay asientos vacíos, por qué
no vienen y se van de ahí. De ese
papel endurecido que los guarda
y enferma de miradas y de opiniones. También veo
un sánguche y un café. Son una parte, no
la más importante, de una oferta. Pero
tienen un tamaño que viajará
con nosotros hasta que,
quizá, comprobemos.


¿Existirá alguna aclaración sobre esa verdad
innecesaria?  Quizá no. Importan los colores o
qué están frente a mí proponiéndome un encuentro
prolongadísimo, haciendo fondo
en ese deseo que a esta hora de luz
de sol tiene pocas palabras pero es igual
de familiar. El timbre del colectivo no suena.
Me intranquiliza apenas imaginar que nunca
voy a bajar en la parada oportuna.
Pocas veces pasa pero… Hay más espacio
abierto en la plaza  y los baldíos domados.
De la avenida a los silos que me esperan
con zumbidos de computadora. Llaman
a un perro por su nombre. Guille.
Va. Carga la obediencia de su especie
sobre el cemento recién amanecido.

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